Nacieron, una para el cielo, el otro para el infierno, pero no se dieron cuenta de eso.Por eso cambiaron sus pasos sobre la marcha, se detuvieron en el camino y buscaron las señales apropiadas, sin hallar más que carteles rotos y desvíos cerrados.
Entonces, el hombre del infienro, tan bello como pecador, se precipitó en el cielo, recubriéndose de hielo y gloria refulgente.
Y mientras tanto, la mujer de alma divina, vío caer sus dos alas al mismo tiempo sobre el azufre de las profundidades, fundido el silencio con sus heridas y tatuajes perpetuos.
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