domingo 26 de junio de 2011

Nacieron, una para el cielo, el otro para el infierno, pero no se dieron cuenta de eso.Por eso cambiaron sus pasos sobre la marcha, se detuvieron en el camino y buscaron las señales apropiadas, sin hallar más que carteles rotos y desvíos cerrados.
Entonces, el hombre del infienro, tan bello como pecador, se precipitó en el cielo, recubriéndose de hielo y gloria refulgente.
Y mientras tanto, la mujer de alma divina, vío caer sus dos alas al mismo tiempo sobre el azufre de las profundidades, fundido el silencio con sus heridas y tatuajes perpetuos.

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