lunes 6 de junio de 2011

Me puedes traducir la palabra bienvenido, o desastre, o alegría o..." me dijo Hiroshima, pasando sus dedos de ladrón por mi cabello desparramado sobre la almohada y sus ojos marrones se cerraron para no escucharme, como hacía siempre. Ví el brillo de su corto pelo rubio platinado a mi lado y escuché un murmullo malintencionado, como siempre."Estoy seguro de que es imposible, no puedes hacerlo a mi idioma, ni a ningún otro, por qué cómo se traducen los nudos en el estómago que forma el hambre de los pobres de este país, o la risa de los satisfechos de un país lejano, o el gemido de la sirenas cuando hacen el amor?"

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